Voy a comentarles algo que
ocurrió algún tiempo atrás en un poblado.
Estaba algo cansado del viaje,
aunque más que cansancio creo que era aburrimiento, recorrer largos senderos,
todos con un paisaje conocido, no es nada alentador, pero había llegado a mi
destino; siempre me ha atraído cambiar de lugar o al menos alternarlo cada vez
que el tiempo permite hacerlo. Llevo investigando misteriosas muertes que se
han dado en ciertas épocas, cuerpos que, algunos amanecen ensangrentados, otros
sin órganos, este último es especial pues no hay sangre derramada por ningún
lugar, pero a todos siempre les falta algo, el color de los ojos desaparece
dejando un globo blanco como la nieve; en fin, algo me decía que había escogido
el lugar perfecto para mi investigación.
Me hospedé en un sitio agradable,
con buena vista, etc. La verdad que no hacía falta tanta comodidad ya que sólo
pasaría la noche en aquel lugar, pero cuando se puede, hay que darse lujos
innecesarios para calmar a la vanidad que impaciente espera saciarse.
Di una vuelta por el poblado,
todo era normal, la gente caminaba pensando en la mañana que pasó y recordando
lo que hará en lo que sobra del día; todo era familiar; una oscuridad media cubrió
el pueblo, la luna pintada en la noche auguraba buen tiempo para los cazadores
y una segura muerte para las cenas, que tranquilas descansan en protección de
la tenue luz.
Me disponía a dormir, en realidad
era cuando empezaba mi trabajo, tenía que meditar y entrar en un trance
especial, donde podía unirme al sueño de cada persona y así vigilar si él
asechaba esta vez. Me llamó la atención el sueño de una chica, estaba en su
casa, elegante, siendo atendida cuidadosamente; era hermosa, imperfecta por
tanta sublimidad, pero pude sentir que lo más atractivo era el deseo de placer
y el amor al mismo que emanaban sus poros, y esa mirada era la perfecta carnada
para que él acudiera a su llamado… esperé pacientemente observando sus
creaciones; no me podía ver, se podría decir que yo era como su ángel guardián,
o sea, un simple observador. De repente todo empezó a cambiar, ella deseaba
tener a su acompañante y por la puerta de su habitación lo vio entrar; por
mucho no era un príncipe o el ser perfecto que ella alguna vez exclamó querer,
pero poseía todo lo que verdaderamente
deseaba o al menos, en gran parte, lo que su piel deseaba. Me voy a saltar el
lujurioso episodio para ir exactamente al clímax de todo esto e intentaré ser
lo menos descriptible posible…
Pronto supe que el momento había
llegado, sí, acudió al llamado, era el momento indicado para su sangrienta
fiesta. Fue amarrada, por las muñecas, en la cabecera de la cama; al comienzo
se veía extasiada pero sólo bastaban pocos segundos para que cambiase su
expresión, sintió como su muslo era rasgado por las uñas de él, luego sus pies
fueron atados a los pies de la cama; los gritos se habían convertido en dolor,
el placer en el mismo infierno, su sangre y llanto en el lubricante que
permitía y facilitaba el sacrificio, el alimento… de repente tenía arañado casi todo su cuerpo,
y en ciertas partes de sus muslos, los mordiscos se hacían presentes; tenía que
llevar esto un poco más allá, así que sacó un pequeño cuchillo y comenzó a
seccionar parte de su mano, más abajo de las cuerdas, el arma apenas tenía filo
y su ir y venir era suave y delicado, separando la piel y la carne con
paciencia, abriéndose camino con persistencia, bañándose en la lluvia roja que
provocaba su vaivén; imaginen el dolor de aquella muchacha, por un segundo
vivan su desgracia, sientan sus heridas… tal vez se pregunten: ¿por qué no
despierta si sólo es un sueño? Es sencillo, ya no es su sueño, hace mucho dejó
de serlo. Los gritos eran tan fuertes que pronto imaginé que cada uno era como
una ópera, como un hermoso cántico celestial de muerte, tenía que consolarme de
alguna manera, aunque siendo sincero, me di cuenta que disfrutaba lo que estaba
viendo, temblaba de emoción y mi cuerpo se extasiaba con el paisaje de tan
misericordioso acto… alucinando con cada pedazo quitado, cada mancha de sangre,
cada lágrima derramada… pero el acto final, el acto final era una obra de arte;
con una extraña fuerza hacía que los ojos de ella no dejen de mirar los suyos,
y conforme su mano perforaba el vientre los ojos de aquella chica iban
perdiendo su color mientras sus gritos se iban apagando, apagando, apagando,
quedando vacíos al igual que su vida y su alma.
La importuna luz solar me
despertó; al salir del lugar de hospedaje, había el escándalo de una misteriosa
muerte; fui a ver su cuerpo por última
vez, conservaba su perfección, el daño era interno, ni una gota de sangre
derramada y sus ojos eran como bolas de nieve… había gente rezando, unos haciendo
raros ritos, otros simplemente seguían pensando en la mañana que pasó y
planeando su pasado. Nadie comprendía lo sucedido, sólo sabían que por un
tiempo podían estar tranquilos, sólo por un tiempo, por un breve tiempo.
Espero no haber quitado tus ganas
de dormir y soñar; puedes estar tranquilo o tranquila porque yo seré tu ángel guardián, muévete
despacio en la cama, puedo estar detrás; aunque es mejor que creas que esto es
un cuento o una bobera sin sentido, es conveniente que olvides todo esto y
descanses… duerme pronto porque ha pasado ese breve tiempo y nuevamente tengo
hambre… suéñame dulcemente.
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