Heme aquí destrozado, recogiendo mis pedazos,
barriendo cada célula tuya que aún explota en cada roce de la escoba vieja que
conservo. Veme arrodillado ante tu imagen que el viento va llevando hacia un
horizonte al cual no pretendo llegar; he amado a mi soledad tanto que hoy ha
reclamado su pódium y ha destrozado tu cuerpo que llevaba guardado en el rincón
preferido de mi cuerpo, aquél ausente y minúsculo espacio que creí poseerlo.
Recuerdos, frágiles recuerdos que me acompañarán por la eternidad por más que
mi terquedad se empeñe en olvidarlos, permanecerán tan lúcidos y fuertes como
toda culpa por haber creado un juego tan sutil como la muerte. Hoy flotas
conmigo, te ahogas conmigo y mis más amargos deseos de degollar tu delicado
cuello, aquel que mordí sediento de placer, aquel que me engulló en un mundo
tan oscuro como la luz falsa que profesaba llevar.
Sí, nos volveremos a encontrar tantas veces
queramos, tantas veces el deseo fulminante nos haga fundir nuevamente en
cuerpos distintos y moriremos tan infelices como aquel pájaro que encontró su
libertad en una jaula.
Bébeme, llórame, derrama la sangre que yo, con una
sonrisa, doné a la clínica de la ilusión. Llórame todas las noches que son más
cortas que los días que yo me he perdido en los caminos escabrosos de la
desdicha. Siempre has sido más joven que yo, la edad no importa, sólo has sido
más aventurera que yo, eso es todo. He preparado nuestro baño de lava, ven y
húndete conmigo, no perdemos más que las ganas de amar a una cadena que cada
vez crece, que cada vez está más fuera de nuestro control.
Te amo y sólo quiero que me odies tanto como yo.
Destrúyeme una vez más, tengo tu bóveda
lista con tus nombres tallados claramente.
18-05-2013
05h00