Un perro es envenenado de vez en cuando y muere cada cierto tiempo cuando se olvida de que el tiempo y el espacio existen en su mundo, y que su imaginación fácilmente es superada por sus propias pesadillas… en ese momento escupe sangre y llora lágrimas invisibles, y aúlla en lunas menguantes y pretende ser hombre sin recordar que por eso es que ahora se consume entre las llamas de su laberinto…
Sus cenizas serán esparcidas en alguna luna de Saturno, muy lejos del sol y muy lejos de la rosa negra que envenenó su agudo aullido… tal vez vuelva a renacer dentro de ese mismo rosal por la espina de la que alguna vez fue su perdición o tal vez sólo vague nuevamente en forma de nada por parte de su eternidad, ahogado entre recuerdos y extasiado de aquel dulce veneno que probó, buscando el cementerio perfecto para volver a surgir de entre larvas sedosas y volver a aullar a una nueva luna solitaria…
Enero 19 de 2012
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