Si planea viajar con las dos patas, píenselo dos veces. Experiencia personal, pero le puede ayudar. ¿Qué motivos? Aquí hay un par:
Encontrarse en una lejana y desolada montaña con un trío de monos puede ser desagradable. Mientras caminaba, esos peludos lo hacían de manera paralela por los árboles, digamos que hablaban como para que yo les escuchara, y sus sonidos fuertes pueden perturbar la mente. Ya no quería su compañía y se me vino a la mente la peor de las ideas, lanzarles un palo y una piedra para que se larguen, pero, como alguna vez le dije a mi pequeño hermano, cuando alguien te remeda es porque no sabe qué decir, entonces estos animales que no hablan, imitaron lo que hacía lanzando ramitas secas y semillas. Bueno patitas, aunque con mucho dolor, y con los hombros que están por reventar de tanto peso, ¡a correr! No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando paré ya no estaban cerca. Es triste estar en la cúspide de la cadena alimenticia y sentir temor de unos hombrecitos con piojos y cola.
Soy un animal sedentario, y las veces que hago algo de actividad física es para desfogar la ira retenida, pero cuando caminas diez horas continuas es diferente, al principio parece divertido, miras el paisaje, la mente vuela, las conclusiones llegan con nitidez, pero el tiempo sigue pasando y tienes hambre y sed, el cuerpo se empieza a fatigar y la mochila pesa el doble, entonces comes, te hidratas y descansas, sigues caminando un tanto más y luego ya no piensas, sólo respiras y miras el camino, lo que te impulsa a viajar deja de importar con cada paso, los hombros ya no aguantan más, las piernas ya dejaron de doler y se mueven como el segundero del reloj. Por último una débil preocupación se vuelve fuerte, el sol se esconde y tienes ampollas en toda la planta del pie, revisas la mochila y desechas lo que algún rato se podrá reponer, esperas ansioso encontrar a alguien que te diga que ese es el camino correcto y que ya estás cerca, quieres encontrar un lugar seguro y dormir, pero piensas que al despertar caminarás media hora y llegarás, y con esa idea caminas dos horas más hasta que llegas, hiciste algo que parecía poco posible.
Te ayuda a conocerte, y es lo peor, duele saber quién y qué eres. Pues bien, mi viaje era de aventura y de conocer otras personas, pero un sms puede alterar todo, uno que llegó cuando ya no había forma de dar marcha atrás ni forma de responder, pero te perturba el contenido de ese mensaje, te pone de mal humor, no sabes qué despreciar más, si haber recibido el mensaje o el haber decidido viajar. Te confundes y encuentras una “solución”, dejar a tu grupo y a tu guía y caminar sólo, llegar más rápido, con la esperanza de que esa persona del sms aún esté cerca y que la puedas encontrar, pero expones tu vida sin ninguna certeza, y al final no importa si hice bien o hice mal, porque con cualquier opción iba a estar como ahora, peor.
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